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martes, 18 de octubre de 2011

EXPECTATIVAS

Presentar un libro siempre implica un grado de incertidumbre ante la posible reacción del público, acentuada por el hecho de que la geografía interior de uno se ha configurado entre Córdoba, Villanueva del Duque y Pozoblanco. Querer hablar, por tanto, de mi última creación en los tres lugares de los que siento que formo parte y que cada acto no defraudase las expectativas que yo mismo pudiera generarme se planteaba, cuando menos, complicado. Sin embargo, pasados unos días de la tercera puesta en escena sigue habiendo dos palabras que dan vueltas por mi cabeza sin cesar: satisfacción y gratitud. Satisfacción por el trabajo serio, responsable, en silencio y sin prisas; satisfacción porque los lectores lo hayan recibido de manera positiva. Gratitud porque más de doscientas personas hayan decidido regalarme algo más de una hora de su tiempo y porque quieran adentrarse en el pueblo que he cincelado, calle a calle, casa a casa, como un microcosmos del dolor, del sufrimiento y de la devastación que generó nuestra última guerra civil.
Prácticamente cada una de las personas que han asistido a esta tríada han provocado una sensación en mí. Me gusta hablar mirando a la cara y leer en el rostro de los asistentes cualquier detalle que pueda ser motivado por mis palabras. Familiares y amigos, vecinos de Villanueva del Duque y de Pozoblanco, escritores de reconocido prestigio, miembros de destacadas asociaciones culturales y literarias, como Piedra y Cal o Mucho Cuento, lectores anónimos que se acercan por ver primera a mi obra, algunos antiguos alumnos y, como siempre, un gran número de compañeros, en no pocos casos amigos, del IES Antonio María Calero (no solo profesores y profesoras, sino también administrativas y conserjes). En este sentido, debo decir que tengo la suerte de trabajar en un centro donde me siento querido como persona y valorado y respetado como docente y como escritor. Y eso, créanme, es una satisfacción enorme y genera una deuda impagable de gratitud.  


lunes, 10 de octubre de 2011

SOLIENSES, 10 DE OCTUBRE

Dicho esto, no me parece, como lector ni como escritor, que el valor de una obra se determine únicamente por los principios éticos que la sustentan -si bien estos pueden contribuir, en la medida en que se aproximen a nuestra concepción del mundo, a que la estancia en sus páginas nos resulte más habitable-. Ética y estética deben combinarse. Por ello cualquier lector está en su derecho de exigir una toma de postura, y el libro debe ser capaz de hablar por sí solo con tal de no defraudar el universo de expectativas de quien tiene la delicadeza de dedicar unas horas a su lectura.
En este sentido, las palabras de José Luis González y de Alberto Díaz Villaseñor, entendidas como una reivindicación del enfoque narrativo múltiple, sustentado en la equidistancia, coinciden con las de Juan Bautista Carpio, al sugerir que cuando planteo la acción suelo hacerlo bien como pintor impresionista bien como cubista. Acudo a la primera técnica, aparte de para agilizar la narración, para provocar una emoción a través de la sugerencia en el lector; empleo la segunda, como un intento de entender una realidad que escapa a la lógica. Para comprender la barbarie, para comprender la devastación, para comprender un conflicto que cambió radicalmente a millones de personas, creo que debemos analizarlo desde diferentes puntos de vista con el fin último de concluir que en cualquier guerra siempre sufren los mismos. Y esta verdad nace en el terreno de la duda y de la incertidumbre. 

lunes, 22 de agosto de 2011

LIBRO DE FERIA Y FIESTAS DE VILLANUEVA DEL DUQUE


Como la mayoría de personas mayores con las que he hablado largo y tendido sobre la guerra civil son de Villanueva del Duque, el Concejal de Cultura de dicho Ayuntamiento, Julio López, me pidió, con motivo de la publicación del libro de Feria y Fiestas en honor de Nuestra Señora de Guía y San Jacinto, que, si me era posible, preparase un artículo en el que me centrara en ellas.

Aparte de la dedicatoria inicial a Josefa Granados Medina, en los agradecimientos reconozco la importancia de todas las personas mayores que han aportado con sus testimonios a las historias verdad, aunque novelada, y humanidad. El libro es un homenaje a cada una de ellas, sin distinción del bando en que les tocó perder los mejores años de sus vidas; debo destacar, por las horas compartidas, a Benedicto Cabrera Blasco y Resurrección Quebrajo Fernández.


Si pincháis aquí podéis ver el libro de Feria completo (en las páginas 12-13 se encuentra mi modesto reconocimiento a ellas).